Publicado en Colectivo Devenir (*)
Tomando como punto de partida y disparador a “Fahrenheit 451”, la clásica obra de ficción que escribió Ray Bradbury en 1953, nos permitimos pensar en cómo el consumo de las nuevas tecnologías afecta y determina la vida del hombre.
Para darle un corte trasversal a la lectura que se suele hacer acerca de este tema, buscamos la palabra de Leonardo Varela, docente e investigador de la UBA, y de Pablo Leona, licenciado en letras y docente universitario, quienes desde ópticas similares en lo profundo desmenuzan y cuestionan si la mundialización de la información, el poder de la imagen y la invasión de los nuevos elementos tecnológicos que conviven con nosotros son los verdaderos enemigos del pensamiento y los cómplices naturalizadores de las actuales prácticas esclavizantes.
Fahrenheit 451 es la temperatura a la que el papel de los libros se enciende y arde y es el título que eligió el escritor estadounidense para formular una crítica a la sociedad de consumo, la censura, la televisión y esencialmente como una reivindicación de la palabra escrita.
En su novela, Bradbury plantea un futuro oscuro dominado por los avances tecnológicos. El protagonista (Montag) es un bombero que se ocupa de provocar incendios para quemar los libros, que en ese universo imaginado son considerados una amenaza al orden social y ponen en cuestión la felicidad aparente.
Pero Montag, a diferencia de sus compañeros de trabajo, “guardianes de la felicidad y custodios de la tranquilidad del espíritu”, descubre el valor de rebelarse a esos parámetros establecidos para recuperar desde la palabra escrita, la historia, la memoria y las reflexiones.
Haciendo una suerte de analogía con el planteo de esta historia, Leona se opone al rechazo directo de la tecnología bajo el argumento de que “cualquier elemento tecnológico está relacionado con la infelicidad o la alineación, porque esto es reaccionario. La tecnología en sí misma es un dato. La cuestión es quién la usa y para qué”.
Ahondando en esa idea fundamenta: “la tecnología es un objeto. No hay una maldad inmanente en ella, porque esto quitaría la responsabilidad de sus usos. Si vos decís la tecnología es mala, entonces Marcelo Tinelli no es tan responsable porque es el dispositivo de la televisión el que llevaría a la alienación. Yo creo que Tinelli es malo y que la televisión en la Argentina está tomada por lo que Tinelli representa”, grafica.
Por su parte, Varela sostiene que los medios tecnológicos funcionan a favor de la alienación y plantea el asunto como una paradoja. “Por un lado existe una especie de exacerbación del cuerpo donde aparece en las publicidades el modelo estético: lo supuestamente deseable, pero en ese mismo sistema el cuerpo no alcanza a satisfacerse”.
Para el profesor, esto se debe a un logro del capitalismo que “básicamente nos dice lo que debemos desear, impulsarnos a desear determinadas cosas y a creer que lo que estamos queriendo poseer es lo que nosotros deseamos, cuando en realidad el deseo es también una construcción social”.
Y retomando el espíritu de “Fahrenheit 451”, que critica ferozmente a la televisión y reivindica a la palabra escrita, Varela afirma que en la actualidad se instala un paradigma según el cual, en la medida que uno tiene posesiones vinculadas básicamente a lo tecnológico, se acerca a un modo de ser feliz. “Cuanto más dispositivos técnicos tenemos más posibilidades de ser felices, aunque en realidad cuánto más poseemos más infelices somos”.
Frente a esta postura, Leona cuestiona el rol pasivo del consumidor alienado. “Hay una especie de vicio que consiste en la compulsión de la gente que mira a Viviana Canosa porque dice que le da asco, o que mira fútbol pero dice que el fútbol es alienante. Si alguien dice que determinada tecnología tiene un efecto alienante, por ejemplo los celulares, lo que hay que exigirle a esa persona es que diga por qué, que argumente esa postura”.
Delineando un marco teórico en el que fue escrito “Farenheit 451”, Varela recuerda que el autor en ese momento no estaba pensando en sociedades ligadas al totalitarismo comunista sino en sociedades post industriales o industrializadas de Occidente.
“Bradbury establece una comparación: el libro sería el dispositivo técnico ligado con la libertad, con la capacidad de reflexión: el que lee es libre y el sujeto es sujeto, mientras que los que forman parte de la masa son aquellos que consumen imágenes desde un lugar de integración absoluta en un sistema que reprime la diversidad, porque ésta es subversiva”.
“Es un libro escrito hace 55 años -retruca Leona-, en el que Bradbury lamenta la clausura de un período muy largo de la historia en que la ficción o la imaginación humana había estado sujeta a la letra. Saliendo de la obra, si me dicen que la televisión es un obstáculo para la felicidad, primero tendríamos que pensar qué es ser feliz. Uno podría decir que es más feliz cuando más consiente es de sus condiciones de existencia. La felicidad es un fetiche que dentro de la novela funciona bien porque no necesita justificación”.
“En su libro, Bradbury podría haber dicho ‘dejen de leer porque el amor está en la televisión’. Entonces yo diría que hay cierta felicidad que sólo existe en la televisión. Lo interesante es pensar cuántas felicidades hay, qué valoraciones se puede hacer de las diferentes felicidades y si efectivamente uno de esos tipos de felicidades debe ser argumentada como el único objetivo de la humanidad”.
Y con el mismo tono retórico y reflexivo que expresa en toda la charla, Leona plantea que “para construir un mundo distinto tenés primero que concebirlo como no preferible y eso supone la aceptación de una pauta de infelicidad. Ahora si vos mediante la televisión conseguís convencerte de que este es el mejor de los mundos posibles, está buena la tele porque te da esa felicidad. La cuestión trágica para todos nosotros es saber si renunciando a esa forma de felicidad hay alguna otra forma de felicidad”.
Y para completar este planteo carente de certezas y verdades absolutas, Varela pone énfasis en la existencia de la relación infantil que el hombre establece con los medios tecnológicos, basada en una angustia existencial generalizada a partir de la inexistencia de proyectos colectivos. “Si yo no sé lo que soy, qué es lo que quiero y qué es lo que deseo, difícilmente pueda, si es que la felicidad existe, siquiera ir en busca de ella”, argumenta.
La amenaza de los nuevos dispositivos tecnológicos
Por Leonardo Varela
La necesidad de satisfacer determinadas necesidades (sociales e individuales) empuja a explorar y a investigar, a producir conocimiento. Frente a un no-saber que impide hacer o evitar algo, la sociedad y los sujetos que la integran desean (porque deben) y deben (porque desean), conocer.
Esto no implica que no haya intereses económicos que impulsen tales investigaciones, mucho menos que esa producción de conocimiento sea obra pura y exclusiva de “voluntades individuales”.
Ahora bien, varias son las incógnitas que nos incitan a una reflexión nada condescendiente: ¿Cuál es la función del mercado en la producción de dispositivos técnicos? ¿Cuáles son los usos y los efectos de esos dispositivos técnicos? ¿Siempre los usos de los medios tecnológicos (la palabra, las armas, el estribo, la bicicleta, la cámara fotográfica, la radio, la televisión, el teléfono, el celular, el video-cámara, la computadora) se corresponden con el objetivo fijado por quienes lo produjeron? ¿Utilizan los consumidores (que son heterogéneos) de idéntica manera esos dispositivos técnicos?
La ciencia es una actividad orientada a producir conocimiento, y resulta evidente que no está por fuera de una sociedad que está dividida en clases sociales cuyos intereses muchas veces son encontrados. ¿Qué relaciones se establecen, entonces? ¿Hay una ciencia centrada sólo en los intereses de los sectores hegemónicos en la sociedad post industrial, por ejemplo?
La técnica (que suele confundirse, y no de manera inocente, con ciencia) refiere a la aplicación de ésta para obtener un resultado práctico. El conocimiento del átomo, por ejemplo, facilitó la elaboración de la bomba atómica, aunque no haya sido este el objetivo inicial. Dos aviones fueron utilizados como misiles el 11 de septiembre.
Las relaciones que establecen las “viejas” y “nuevas” generaciones con los dispositivos técnicos son diferentes. Por una parte, suele existir una recurrencia a las estructuras, prácticas y objetos conocidos. Por otra, suele existir una gran flexibilidad para aceptar -muchas veces “sin filtros”-, lo que se presenta (aunque no siempre lo sea) como “nuevo”. Se lo incorpora con frecuencia irreflexivamente.
Los medios tecnológicos no son sólo recursos inventados por una sociedad en determinadas circunstancias, para satisfacer ciertas necesidades humanas. Son también procesos de transformación al interior de la conciencia, conformadores de subjetividad.
Tecnofilia (etimológicamente: “amor a la técnica”) y Tecnofobia (etimológicamente: “fobia a la técnica”) son los sustantivos que parecen condensar las dos perspectivas que más “éxito” han tenido en cuanto a su repercusión y circulación.
La Tecnofilia es una posición que celebra los dispositivos técnicos que expresan, según este punto de vista, los avances generales y que contribuyen a construir un sujeto más libre y más pleno e integrado a los cambios.
El determinismo tecnologicista desconoce o ignora los procesos socio-económicos que llevan a la producción de determinados inventos y tienden a desligar, consiente o inconscientemente, a la ciencia de la sociedad que la contiene e impulsa. Deslumbrada por los dispositivos tecnológicos, la Tecnofilia se presume como “a-ideológica” (en todo caso, la ciencia puede concebirse como un subsistema dentro de un sistema que la abarca).
Ahora bien, también es imprescindible decir que, una vez que esa ciencia produce conocimientos, la sociedad se modifica, se transforma y ya no es lo que era.
La Tecnofobia, en cambio, concibe a los dispositivos técnicos como “amenazas” al sujeto y a las presuntas certezas que este tiene del mundo conocido. Algunos consideran que esos dispositivos técnicos atentan contra “lo natural”; otros subrayan que esos medios tecnológicos (mecanismos de imposición simbólica) contribuyen tanto al control y al disciplinamiento social como a anestesiar las reflexiones subversivas y las pasiones.
Algunos de quienes se ubican en estas perspectivas -por ejemplo en lo que atañe a los presuntos efectos de los medios masivos- dicen que se ha llegado al fin del “sujeto gutenbergiano”, considerado un sujeto reflexivo y con capacidad de discriminación y elección.
Problematizar estas posiciones y provocar una cierta curiosidad que impulse a la inquietud y a no creer en “verdades consagradas”, es imprescindible.
Ray Bradbury, en “Fahrenheit 451” se centra en la catástrofe de un mundo en el que el libro (la palabra escrita) es desplazado salvajemente por la imagen televisiva, concebida como manipuladora y devastadora de los saberes que se fueron acumulando de manera esforzada. Es la imprenta gutenbergiana la amenazada. Es el sujeto racional el que corre peligro. Nuevos dispositivos tecnológicos atentan contra ese sujeto con capacidad de discernimiento. Sin embargo, nada podrá contra el arte (ya que, como explicó Sigmund Freud, es sublimación de la represión) y, en una isla, las “verdaderos” individuos, los que no están alienados resisten memorizando y transmitiendo un libro, el que más lo conmovió, a sus congéneres.
Más allá de que cierta Tecnofobia se pueda reconocer en estas importantes obras literarias (volvemos a decirlo: el libro también es un dispositivo tecnológico), el valor fundamental reside justamente en que, en medio de un océano de aceptaciones y genuflexiones, fueron capaces de percibir lo otro, eso que, nos explicó magistralmente Roland Barthes, no pueden imaginar los burgueses.
(*) El artículo fue incluido en el blog por gentileza de Ana, alumna de la comisión. Publicado originalmente en Colectivo Devenir.
Muy bueno el aporte, Ana.
Queda sujeto al consenso o retruque del resto.
Saludos!
Gracias Fernando,
me parecía un buen tema para discutir en alguna ocasión.
Un abrazo.
Mas de acuerdo con Leona que con Varela … para los tecnofobos, vean zeitgeist que se va a convertir en su nueva biblia. Aca les dejo el link…
http://www.zeitgeistmovie.com/